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ACTUALIDAD > NOVIEMBRE 2025
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¿Por qué ya no cocinamos? |
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Más del 40 % de los hogares españoles consumen habitualmente comida preparada, y su consumo no deja de aumentar año tras año. Esta tendencia no es anecdótica. Responde a un cambio estructural en la forma en que nos alimentamos y nos relacionamos con el tiempo. Tal como recuerda Javier Guzmán, director de Justícia Alimentaria, en La Directa, el sistema alimentario industrial “nos ha invitado educadamente a salir de nuestras cocinas”. Lo que antes era un espacio comunitario, de transmisión cultural y de autonomía, ha pasado a ser un recuerdo.
¿El resultado? Hemos sustituido el recetario popular —tejido durante generaciones— por productos diseñados en laboratorios, pensados no para alimentar, sino para durar más, seducir más y costar menos. Nuestra dieta se ha llenado de productos ultraprocesados, cargados de sal, azúcar, grasas de baja calidad y aditivos, que enmascaran la pobreza nutricional de unos ingredientes pensados para resistir la logística global. Pero no se trata solo de una cuestión de salud individual: es una cuestión ecológica, cultural y política.
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Dedicamos solo 6 horas y 20 minutos semanales a cocinar, casi media hora menos que hace cinco años |
Vivimos en una época en la que comer bien se ha convertido en sinónimo de rapidez, conveniencia y ahorro de tiempo. De media, dedicamos solo 6 horas y 20 minutos semanales a cocinar —casi media hora menos que hace cinco años, según advertía un estudio de GFK.
Esta reducción del tiempo doméstico no es casual: es el resultado de un modelo económico que monetiza la falta de tiempo. Las grandes corporaciones alimentarias han sabido convertir la precariedad laboral y la prisa en un vínculo comercial perfecto. El tiempo que no tenemos es el tiempo que la industria nos vende.
Y detrás de esta “comodidad” se esconde un sistema que externaliza todos los costes sociales, ecológicos y culturales. Los grandes supermercados, que ya controlan más del 70 % del mercado minorista español, deciden qué se produce, cómo se distribuye e incluso qué comemos. Las cadenas de suministro global reducen la diversidad agrícola a unos pocos monocultivos rentables y desplazan al campesinado local, que pasa de ser productor de alimentos a proveedor de materia prima barata para la industria.
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Como advertía Elvira Megías en El Salto en el artículo “Mercadona, ¿la cocina de tu casa?”, el futuro que imagina el magnate Juan Roig es distópico pero posible: “A mediados del siglo XXI no habrá cocinas.” Y añade: “Espero vivirlo.” Esa idea —las casas sin cocinas, los hornos convertidos en muebles decorativos— es el símbolo perfecto de un modelo que nos expropia las capacidades: saber cocinar, decidir, combinar, conservar, compartir. Una estrategia que la economía crítica denomina deskilling: volvernos incompetentes para convertirnos en dependientes. |
Vandana Shiva y el “trastorno metabólico” del planeta |
La comida industrializada no solo condiciona nuestra salud, sino también la salud del planeta. Todo esto es, según Vandana Shiva, el síntoma de un trastorno metabólico global. En su libro La naturaleza de la naturaleza, argumenta que el paso de los sistemas alimentarios basados en la biodiversidad a una agricultura industrial dependiente del petróleo y de los productos químicos ha alterado el metabolismo del planeta.
Esta “industrialización de la vida” ha fracturado los ciclos naturales de la Tierra, incrementado la contaminación y erosionado la fertilidad de los suelos, hasta el punto de que lo que ella llama “trastorno metabólico” es literalmente la enfermedad del sistema Tierra. |
Tal como expone Xavier Oliva en El Periódico, más de un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero provienen del sistema alimentario. La refrigeración, el transporte y el desperdicio de alimentos son tres de las principales causas de esta huella de carbono.
Además, la producción de alimentos utiliza el 40 % de la tierra cultivable y el 70 % del agua dulce disponible, según la FAO. Esta presión ecológica se agrava con la globalización del consumo: comemos bayas de los Andes, aguacates de México o soja de Brasil, mientras nuestros territorios pierden biodiversidad y soberanía.
Los alimentos exóticos o superfoods llegan a nosotros después de atravesar medio planeta, generando más emisiones que beneficios. Su aura de salud suele ocultar procesos intensivos, aditivos químicos y un modelo extractivista que destruye ecosistemas y comunidades locales.
En este contexto, el auge de los “mercaurantes” —espacios híbridos entre supermercado y restaurante— consolida una nueva dependencia: la de un consumidor desconectado de su comida y de sus orígenes, incapaz de identificar el coste real de lo que pone en el plato. |
“Restaurar las leyes ecológicas de la naturaleza”, la consigna de Vandana Shiva |
Para Shiva, la solución no pasa por los alimentos sintéticos ni por la biotecnología corporativa, sino por reconocer y restaurar las leyes ecológicas de la naturaleza. Esto implica apostar por procesos regenerativos, agricultura ecológica, soberanía alimentaria y conocimiento local.
Su propuesta es, a la vez, ecológica y política: un retorno a la biodiversidad como fuente de salud y libertad. Para que el campesinado no sea esclavo de las semillas patentadas, y para que cocinar no sea un lujo, sino una expresión de soberanía. |
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Bellaterra Edicions
Bellaterra Edicions fue fundada por Feliu Riera Domènech en 1973. A partir de 1995 inició una nueva etapa, dirigida por José Luis Ponce y Gloria Mendoza. Actualmente nos encontramos en la tercera etapa de la editorial con un nuevo equipo cooperativo (Cooperativa KULT) que da continuidad al proyecto manteniendo sus planteamientos anteriores. Más información: bellaterra.coop | info@bellaterra.coop
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